Incauta ilusión

Sonó el teléfono. Los tres lo escucharon.
Aló, respondió Monique con su peculiar acento. A medida que la conversación avanzaba la satisfacción en su rostro le colmaba. Cogió un lapicero y anotó. Hasta los números, con su alegría, parecía como si quisieran escapar del bloc de notas.
Tras finalizar la llamada, Jean Pierre no pudo evitar la curiosidad. Contagiado por la expresividad de Monique le preguntó sobre que había departido. Esta, eufórica, le respondió: es la ilusionante llamada que aguardábamos. Amélie se pondrá muy contenta cuando se lo contemos. Justamente hoy, hace dos años que alcanzó su licenciatura.     
El viejo reloj del salón anunciaba las cinco de la tarde. Eric se disponía a servir el té. Este arrollado por el sonido del timbre de la puerta principal, acudió a la llamada. Al otro lado, un gendarme le comunicaba que Amélie había sufrido un grave accidente en el cual se temía por su vida.

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