El yak y el monje
Cuentan las
escrituras védicas que en el gélido valle de la montaña Nanga Parbat habitaba un majestuoso y misterioso yak,
blanco como las nieves de los Himalaya, que
era la admiración de los lugareños. Aunque todos eran los llamados, muy pocos
serían los elegidos que podían presenciar al yak en su máximo esplendor. Tan
inusitados acaecimientos fueron contados de padres a hijos hasta convertirse en
leyenda: que hoy, perdura cincelada en
la atávica roca del venerado altar de aquel hombre fausto ataviado con su
túnica color azafrán.
En el pasaje de
la omnisciencia se relata la enseñanza suprema entre el yak y un díscolo monje
que buscaba la iluminación.
Un día, el
monje daba su paseo al tiempo que practicaba su meditación contemplativa cuando,
de pronto, se paró sobre una pequeña roca que rompía, como una mancha, el
intenso blanco del paisaje. Percibió la presencia del yak. Su estado de
expectación, se apoderó de su mente y le hizo divagar sobre sus conjeturas de
cómo era el yak, de cómo se lo habían contado, de cómo lo vería y, cómo lo
describiría en sus relatos, de si sería creído o cuestionado… el tiempo pasaba
y el momento se escapaba. Ante la cierta distracción catatónica del monje, el
yak le dijo a éste: Monje, tus nebulosas mentales te están robando la
posibilidad de vivir este tiempo irrepetible en el que te encuentras en mi
presencia, y has llegado hasta acá de entre los elegidos para que trasciendas
este momento presente de forma consciente, y una vez trascendido serás guiado
hasta mi plenitud donde alcanzarás la Mirada Suprema que comparten las deidades
y que afanan los hombres. El pasado y el futuro se disiparan: los miedos
desaparecerán y el desapego te liberará. Más a partir de ese momento serás
venturoso porque obtendrás el control absoluto de tu vida mundana: siendo
cubierto de dichas que te llevarán hasta el sublime equilibrio con el orden
establecido en el universo: para guiarte a las puertas hasta entrar al reino de
lo no manifestado. Siéntete dichoso viviendo cuanto sientes. Desde ahora, por siempre,
sempiternamente lo será.
Monje, lo has logrado:
En este momento, podrás partir. Ve y cuenta cuanto has trascendido para el
beneficio de la humanidad: que los
hombres vivan siempre el momento presente, conscientes, sin distracción alguna
a la atención correspondida a cada momento, porque solo así podrán sentir que
han vivido en plenitud y han cumplido su principal propósito: ser felices.

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