El puente de la ilusión

Un anciano y experimentado barquero conversaba sobre la ilusión con su viajero, un joven leñador de las praderas. El anciano percibió la atenta atención del joven y le dijo: intuyo que esta historia te podrá gustar.
Verás; en mi juventud, escuché de los mayores del lugar:
Que en el más recóndito valle de las escarpadas montañas azafranadas, había un curioso lago cuyas aguas se dividían en dos por una línea invisible que a un sitio acurrucaba su manso cristalino y al otro lado mecía su turbio ondulado.
Todos los tiempos, con el comienzo de los deshielos, en la primera luna llena, el agua menguaba y el manso cristalino y el turbio ondulado se unían para crear un puente que unía las más extremas orillas del lago.
Un momento de tantos, en la claridad de la luna, a la mitad del puente,  dos extraños se han encontrado. Aparecen antiguos miedos que de ambos sentidos vienen caminando. De pronto, caen al vacío; un estremecedor sollozo alerta a los dos mismos que chocan uniéndose hasta ver que de la nada surge un puente y que igualmente desaparece…
Mi respetuoso oyente, todo cuanto has oído hasta ahora es ilusión. Un retazo de historia de una misma persona a su encuentro con su yo. Pura ilusión que atrae la atención. Te diré que la vida mundana es una permanente ilusión en la constante consecución de los sueños que escapan del control de la mente. Ah de los que agotan su tiempo de tránsito solo persiguiendo sus sueños. Acaban confundiendo la realidad, viendo, proyectando el puente de la ilusión, un puente que nunca existió porque solo era un juego de palabras articuladas engañando tu mente, para que cada cual, en su imaginario, visualizará su particular puente, para nada, con el resto, coincidente.


moraleja
Esta es la ilusión: apasionante en el logro y, tristeza en la pérdida.

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