Universo IV

Desde la misma puerta abierta al después, en la lactancia de tan hermoso parto, justamente, a los dos meses menos un día, con su noche incluida; a tantos ojos observadores les surgiría la pregunta de si ahora todo se derrumbaría.
Por un momento pensó que tal vez ese amor era inmaduro y que a partir de ese instante, con delicadeza, era vertido en una barrica, donde no sería ahogado, y, en esta, bien oxigenado, su crianza seguiría hasta llegar a ser madurado. La incertidumbre le cubrió y con relativo temor se preguntaba si con el paso de ese indefinido tiempo, de entre todas, encontraría la barrica que su amor guardaba.  

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