El cómodo palacio

Veintisiete de octubre del dos mil diecisiete de la era Kali-iuga, seis de la tarde. Ya, no están en la cueva; ufanosos gozan el cómodo palacio costeado por el “pueblo soberano”. Sentados a la mesa del pan de la vergüenza, trece más uno; faltan veintiséis para cuarenta; más setecientos sesenta hasta ochocientos. Reunidos, lanzan sin piedad el ciento cincuenta y cinco para pisotear hasta aniquilar: la voluntad...
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