Calabazas migrantes

Transformaron la calle; seis enormes calabazas, como nunca se habían visto, eran la antesala. La delantera de los edificios fue cubierta con unos gigantescos lienzos decorados que evocaban otro lugar. Las puertas y escaparates de los comercios fueron difuminados entre la tan agresora tramoya. Al fondo, un castillo iluminado cerraba aquel desolado hábitat foráneo que a través del velado relegaba a un segundo plano el entorno autóctono. Un hábitat foráneo desvergonzado que incluso se había empeñado en engullir hasta la memoria viva de la propia Confitería Barranco que, tras decenas de décadas con su cuarta generación incorporada, constituía parte inseparable de las vísperas y Día de Todos los Santos.
Henry, recién llegado de Salem, andaba algo ofuscado, aquella total ausencia de zombis, murciélagos gigantes, brujas, arañas, monstruos y bichos vivientes... jamás sería entendida en el origen de la fiesta que, en ese año, el ayuntamiento malgastaría gran parte de su escaso presupuesto buscando un populismo que tapara los comentarios de los vecinos sobre los escándalos políticos que recientemente habían saltado a la luz pública. Los lugareños querían seguir fieles a su tradición: el pavo en pepitoria, las dulces batatas asadas, las castañas de Antonina, su más anciana y popular castañera, las gachas y los exquisitos huesos de santo, los ricos buñuelos y el ir y venir en la sacra visita al cementerio: silencio impuesto por el callado de adentro, recuerdos de un pasado, epitafios, coloridos y arreglos florales, luces que proyectan sombras ausentes, vigilantes cipreses amamantados de huesos…
El concejal de cultura y festejos no entendió el boicot de los paisanos. En Salem, Massachusetts, la ciudad natal de éste, le hubiesen agasajado por la iniciativa. Ante ese momento de abrumador desierto, por primera vez, él se halló fuera de lugar con el más profundo sentimiento y la certera convicción de que era un inmigrante en aquel lugar de solidaria acogida, donde más nunca, hubo ni truco, ni trato; ni tampoco, calabazas migrantes.

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