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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Presión arterial

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S u estar había cambiado desde entonces, aunque de siempre hizo gala del despiste, ahora la abstracción era permanente. En la oscura soledad de la noche llorando se despertaba, siempre, a la misma hora y como una losa en su mente los fantasmas visitaban su morada. Puntual, como el reloj que marca las horas, en un potente grito desencajado estallaba cuando el incisivo filo del vil metal se deslizaba por el cuello y el recio torrente en huida caía desde la almohada encharcando de rojo el bordado esbozo de las sábanas de lino cubano que pasaban de cama en cama. A manera de alma en pena, desde el más absoluto despavorimiento y con la única compañía de la presión de sus acelerados pasos, avanzaba por la calle en aquella cerrada noche cuando una abrumadora sombra, proyectada sobre la fachada de la pensión en la que pernoctaba, delataba la inesperada visita de quien salía por la bocacalle con la clara intención de entablar persecución propiciando la desesperada carrera… Por ayer se cump...

El color atrapado

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E ra reservado, alto y despeluznado, de nariz aguileña y mirada penetrante. A través de sus arqueadas piernas los rayos del sol escapaban del horizonte. Resultaba extraño para algunos paisanos aunque sus camisas de cuadros delataban su oficio generacional al mismo tiempo que su innegable genética acreditaba que era autóctono del lugar. En la mañana del sábado asomó más enérgico que de costumbre. ¡Tanto tiempo esperando! Su gran sueño se encontraba tan cercano. Llegaba el momento sí, ya casi lo acariciaba, desde ahora consistiría en poder llegar hasta la ladera del monte que coronaba la Sierra de los Robles. Y a partir de ahí vivir la experiencia, sentir esa sensación que había oído de contadas de  aquellos que en la larga tradición ya la vivieron y disfrutaron con gran pasión por el resto de sus vidas. El sabía que no sería en vano. En los meses anteriores fue testigo de cómo todo se ralentizaba, vio que la constante inquietud se convirtió en una obsesión. Aun así en ...

Nombre de mujer

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E ra plenamente feliz aunque en el fondo de su alma una impermanente congoja le afloraba. Esto generaba cierta confusión cuando a veces la miraban a pesar de que ella, a cada mirada, constantemente su blanca sonrisa regalaba. Aunque era una chica muy sociable apenas acudía a salón de belleza alguno ya que personalmente se procuraba sus propios arreglos. Su oscuro cabello rizado en la más bella arqueada natural era la admiración de todos aquellos  con los que se cruzaba, al igual que la envidia de alguna que otra mujer que al sorprendido admirador le acompañaba. De chocolateada tez, la muchacha resultaba despampanante con sus elegantes vestidos claros y sus tacones de aguja, siempre, bien complementados. Si sus manos te tocaban la exquisitez de su tacto estremecía la paz del alma. La riqueza tímbrica de su voz resultaba un gozo para quien la escuchaba cuando hablaba. Su voz, ¡ay su voz!, que fascina, uno de los atributos de su valiosidad para el coro al que pertenecía, su gran pa...

Calabazas migrantes

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T ransformaron la calle; seis enormes calabazas, como nunca se habían visto, eran la antesala. La delantera de los edificios fue cubierta con unos gigantescos lienzos decorados que evocaban otro lugar. Las puertas y escaparates de los comercios fueron difuminados entre la tan agresora tramoya. Al fondo, un castillo iluminado cerraba aquel desolado hábitat foráneo que a través del velado relegaba a un segundo plano el entorno autóctono. Un hábitat foráneo desvergonzado que incluso se había empeñado en engullir hasta la memoria viva de la propia Confitería Barranco que, tras decenas de décadas con su cuarta generación incorporada, constituía parte inseparable de las vísperas y Día de Todos los Santos. Henry, recién llegado de Salem, andaba algo ofuscado, aquella total ausencia de zombis, murciélagos gigantes, brujas, arañas, monstruos y bichos vivientes... jamás sería entendida en el origen de la fiesta que, en ese año, el ayuntamiento malgastaría gran parte de su escaso presupuesto...

Brindis de ponzoña

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E l sol se ocultaba y la tibia tarde se disponía a marchar mientras el sacro ritual del retorno a los hogares se iniciaba. La gran avenida encendía sus faroles al tiempo que los destellos de los autos desde su inocente juego se cruzaban. En su margen derecha ascendente, terraza de vino y tapas, poco concurrida. ¡Claro! era miércoles. Aun así como una fotografía fija, en una mesa, con brillo dorado en la piel, al acecho, dos maquiavélicas mentes prolongadas hasta sus viperinas lenguas, dando rienda suelta a la oscuridad de sus almas, junto a una tercera que, por su corta edad y transgrediendo el límite de lo decente, le extirpan la inocencia que por legítima le pertenece desde su aflorada niñez ante la vida. La conversación no versaba sobre ángeles: dibujaban un cielo sin estrellas hasta hacer el infierno. Arañaban con sus virulentas palabras, llenas de maldad, por la partición hereditaria que les había excluido de su codiciado legado. Un testamento que, en el calor del difunto, habí...

Rémora

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S i te digo voy  es porque me estoy yendo Si me estoy yendo es porque me estoy muriendo Si me estoy muriendo  es porque me estoy escondiendo Si me estoy escondiendo  es porque me estoy entreteniendo Si me estoy entreteniendo  es porque me estoy mintiendo Si me estoy mintiendo  es porque me estoy huyendo Si me estoy huyendo  es porque no estoy muriendo Si no estoy muriendo es porque estoy viviendo. Voy...  Entreteniendo a la muerte escondidos vivimos: yendo siempre huyendo porque decimos que estamos viviendo cuando estamos mintiendo ya que en realidad estamos muriendo.

Culcas

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P egado a la tierra y tocando el cielo, corona el Cerrete de los Lirios. Vigilante impertérrito de Occidente.   Lucía, con una sensación mariposeante en su estómago, había partido en la mañana. Eran mil ciento cincuenta kilómetros de distancia los que le separaban. Un coche cómodo, de alta gama, sería su habitáculo durante esas largas horas donde esa sensación interior que albergaba haría pasar inadvertidos tantos paisajes como si éstos no estuvieran en el camino que adelantaba. Repasaba y repasaba, más un único pensamiento resonaba en su cabeza, no era el momento de recrearse recorriendo un país de colores y contrastes que lo hacían lugar de visita obligado para el turismo internacional de destino recomendado. Comenzando la madrugada, fatigada, se adentraba en ese pueblo grande que aspira ser ciudad. Justo a su entrada, divisó en la oscuridad, suspendida, la excelsa luminosidad de un gigante. En ese momento supo que estaba junto al hotel. Llegó al hall y avanzó hasta la rec...