Presión arterial
S u estar había cambiado desde entonces, aunque de siempre hizo gala del despiste, ahora la abstracción era permanente. En la oscura soledad de la noche llorando se despertaba, siempre, a la misma hora y como una losa en su mente los fantasmas visitaban su morada. Puntual, como el reloj que marca las horas, en un potente grito desencajado estallaba cuando el incisivo filo del vil metal se deslizaba por el cuello y el recio torrente en huida caía desde la almohada encharcando de rojo el bordado esbozo de las sábanas de lino cubano que pasaban de cama en cama. A manera de alma en pena, desde el más absoluto despavorimiento y con la única compañía de la presión de sus acelerados pasos, avanzaba por la calle en aquella cerrada noche cuando una abrumadora sombra, proyectada sobre la fachada de la pensión en la que pernoctaba, delataba la inesperada visita de quien salía por la bocacalle con la clara intención de entablar persecución propiciando la desesperada carrera… Por ayer se cump...