Presión arterial

Su estar había cambiado desde entonces, aunque de siempre hizo gala del despiste, ahora la abstracción era permanente. En la oscura soledad de la noche llorando se despertaba, siempre, a la misma hora y como una losa en su mente los fantasmas visitaban su morada. Puntual, como el reloj que marca las horas, en un potente grito desencajado estallaba cuando el incisivo filo del vil metal se deslizaba por el cuello y el recio torrente en huida caía desde la almohada encharcando de rojo el bordado esbozo de las sábanas de lino cubano que pasaban de cama en cama.
A manera de alma en pena, desde el más absoluto despavorimiento y con la única compañía de la presión de sus acelerados pasos, avanzaba por la calle en aquella cerrada noche cuando una abrumadora sombra, proyectada sobre la fachada de la pensión en la que pernoctaba, delataba la inesperada visita de quien salía por la bocacalle con la clara intención de entablar persecución propiciando la desesperada carrera…

Por ayer se cumplieron seis meses de su baja laboral en el cargo de alta dirección que ostenta en la central de los laboratorios alemanes Bayer, los mismos seis meses transcurridos del estreno de la terrorífica película Presión arterial, financiada por el gigante de la industria farmacéutica, a la cual le invitaron desde la organización del festival y al día de hoy no ha conseguido conciliar el sueño.

Quince días después de la finalización del tour de presentación, en el primer pase, la película fue retirada de todas las pantallas y desde entonces en todo el planeta millones de personas sufren un extraño síndrome.

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