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Mostrando entradas de octubre, 2016

Universo IV

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D esde la misma puerta abierta al después, en la lactancia de tan hermoso parto, justamente, a los dos meses menos un día, con su noche incluida; a tantos ojos observadores les surgiría la pregunta de si ahora todo se derrumbaría. Por un momento pensó que tal vez ese amor era inmaduro y que a partir de ese instante, con delicadeza, era vertido en una barrica, donde no sería ahogado, y, en esta, bien oxigenado, su crianza seguiría hasta llegar a ser madurado. La incertidumbre le cubrió y con relativo temor se preguntaba si con el paso de ese indefinido tiempo, de entre todas, encontraría la barrica que su amor guardaba.  

Incauta ilusión

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S onó el teléfono. Los tres lo escucharon. Aló, respondió Monique con su peculiar acento. A medida que la conversación avanzaba la satisfacción en su rostro le colmaba. Cogió un lapicero y anotó. Hasta los números, con su alegría, parecía como si quisieran escapar del bloc de notas. Tras finalizar la llamada, Jean Pierre no pudo evitar la curiosidad. Contagiado por la expresividad de Monique le preguntó sobre que había departido. Esta, eufórica, le respondió: es la ilusionante llamada que aguardábamos. Amélie se pondrá muy contenta cuando se lo contemos. Justamente hoy, hace dos años que alcanzó su licenciatura.      El viejo reloj del salón anunciaba las cinco de la tarde. Eric se disponía a servir el té. Este arrollado por el sonido del timbre de la puerta principal, acudió a la llamada. Al otro lado, un gendarme le comunicaba que Amélie había sufrido un grave accidente en el cu al se temía por su vida.

El puente de la ilusión

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U n anciano y experimentado barquero conversaba sobre la ilusión con su viajero, un joven leñador de las praderas. El anciano percibió la atenta atención del joven y le dijo: intuyo que esta historia te podrá gustar. Verás; en mi juventud, escuché de los mayores del lugar: Que en el más recóndito valle de las escarpadas montañas azafranadas, había un curioso lago cuyas aguas se dividían en dos por una línea invisible que a un sitio acurrucaba su manso cristalino y al otro lado mecía su turbio ondulado. Todos los tiempos, con el comienzo de los deshielos, en la primera luna llena, el agua menguaba y el manso cristalino y el turbio ondulado se unían para crear un puente que unía las más extremas orillas del lago. Un momento de tantos, en la claridad de la luna, a la mitad del puente,  dos extraños se han encontrado. Aparecen antiguos miedos que de ambos sentidos vienen caminando. De pronto, caen al vacío; un estremecedor sollozo alerta a los dos mismos que chocan unién...

El quebranta juegos

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E n un fugaz instante. La tarde se hizo noche. El parque cerró su alegre paleta de colores. La algarabía enmudeció. Las flores cerraron sus ojos. Las tenues luciérnagas, petrificadas, se plantaron verticales. Agazapado observaba. El verde asustado quedose solo. Tembloroso trataba de esconderse bajo su cuello. De pronto, pavorosos gritos rompen el silencio. ¡Marquitos, Marquitos!... Tras un tropezón el último chillido se ahogó. Caído contra el césped. Levantó su cabeza. Cegado por un envolvente aliento sus gafas no le permitieron ver lo que tenía frente a él. Al d í a siguiente, todos los lugare ñ os de m á s edad volvieron a hablar de él; el quebranta juegos .

La saga de la horca y el sueño americano

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D urante la Gran Hambruna Irlandesa el pa í s sufri ó una importante disminuci ó n de poblaci ó n, en la que la Iglesia fue determinante. Por la primavera de 1.846, arriban en Nueva York, en busca de prosperidad, Liam Ó Conaill y Fiona Mac C á rthaigh, ambos irlandeses. Cuyas miradas coinciden por primera vez en su llegada, en la pasarela de desembarco. El joven Liam, con un profundo ahondamiento desarraigado avanza con titubeantes pasos, de forma accidental, tras un traspi é , con el alargado fardo que portaba sobre su debilitado hombro derecho, hiere levemente a Fiona. Desde la aturdida ingenuidad, este incidente induce al ofrecimiento de los primeros auxilios y posteriores cuidados con sentimiento protector del turbado imberbe hacia la dolorida muchacha. Casi cien a ñ os despu é s. Dos choznos de é stos, con aquel recuerdo hiriente que por entonces guardaba el fardo, homenajean, posando delante de la fachada principal de la estancia, a sus trastatarabuelos. Fundad...

Me gusta

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M e gusta ver, s í , tu cuerpo desnudo, como los gestos de tu cara cambiar. Vivir en plenitud, sentir tu gozar, el comp á s del  silencio roto, mudo. Quiero el encanto de ese nudo modulando el blanco hasta llegar a los floridos prados del retozar, enfrente de lo m á s puro oriundo. El tiempo c ó mplice se nos detiene rendido ante el ancestro juego. Nos recreando, amando el ritual. Canto anunciando el alba viene. N é ctar extenuado manda un ruego. Suave, abrazo tu espalda sensual.

Niños de miedo

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E n la carrera más amplia de la ciudad. A dos escasas cuadras de la embajada japonesa. El cónsul italiano, que gustaba sentarse bajo aquel majestuoso árbol mientras repasaba los pendientes, acostumbraba a dar su paseo diario en coincidencia con la alborada de los niños del liceo infantil y primaria de los Jesuitas, el cual lindaba en su parte trasera con el cementerio de los brigadistas tupamaros. Botaron los años y aún perdura en el recuerdo, que durante la década de los 90, una serie de extraños hechos aterrorizó a la población. Las familias con menores escolarizados vivieron un atroz miedo panicoso que marcaría sus vidas para siempre. Cada año académico, en el segundo trimestre, junto al gran roble morado, desaparecían diez alumnos de aquel liceo, hoy, clausurado: siendo recuperados posteriormente sin vida y con heridas suturadas y un diminuto papel de celofán amarillento prestado encima del pecho. Los cuerpos, siempre, reposaban boca arriba sobre la macabra lápida blanca, e...

Universo III

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H ojas secas cayeron. Examinas surgieron. Y en reflexión concluyeron. ¿Se puede mitigar el ostracismo amando ese amor ? El corazón es tonto, ¡y nubla la razón! Sí. A veces pensaba que el amor que se manifestaban era un mero acto de llenado de tiempo, siempre y cuando, en los momentos que la vida carecía de ocupación rutinaria que les mantuviese atareados: buscaban refugio en ese amor .

Retazos en reflejos

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E l tiempo que consumimos a nuestro paso por esta vida mundana se convierte en pasado y éste pasa a ser el fiel reflejo, en la memoria, de nuestras prioridades acaecidas en aquel momento en el que nosotros decidimos convertirlas en la acción o reacción que emanó de nuestra voluntad pasada. Por ello, no te dejes llevar: prioriza siempre tu prioridad evitando de esa forma la derivación futura de frustración. 

Quiero

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Q uiero desaprender lo besado para llegar contigo hasta mi primer beso enamorado. Quiero desaprender lo andado en mis caricias recorrer tu cuerpo vibrando qué me sientas vivo cuando mis manos te están apretando. Quiero desaprender todo movimiento pasado para que sientas tu más profundo gozo haciéndote el amor, poro a poro, cóncavo-convexo articulado. Quiero desaprender cómo me he comunicado descubrir tus ocultos lenguajes para mantenerme a tu lado. Quiero desaprender todo lo viajado recorrer el universo de tu cuerpo, estación tras estación, detenerme en tu preferido nudo deseado. Quiero, ante todo,   acariciar tu alma blanca para simplemente tocarla.

El yak y el monje

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C uentan las escrituras védicas que en el gélido valle de la montaña Nanga Parbat habitaba un majestuoso y misterioso yak, blanco como las nieves de los Himalaya, que era la admiración de los lugareños. Aunque todos eran los llamados, muy pocos serían los elegidos que podían presenciar al yak en su máximo esplendor. Tan inusitados acaecimientos fueron contados de padres a hijos hasta convertirse en  leyenda: que hoy, perdura cincelada en la atávica roca del venerado altar de aquel hombre fausto ataviado con su túnica color azafrán. En el pasaje de la omnisciencia se relata la enseñanza suprema entre el yak y un díscolo monje que buscaba la iluminación. Un día, el monje daba su paseo al tiempo que practicaba su meditación contemplativa cuando, de pronto, se paró sobre una pequeña roca que rompía, como una mancha, el intenso blanco del paisaje. Percibió la presencia del yak. Su estado de expectación, se apoderó de su mente y le hizo divagar sobre sus conjeturas de cómo era el...

Sonata de soledad

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“ M i novia dice que en EEUU han inventado una pastilla que hace que no te sientas solo”. En el banco con estructura metálica y asiento de madera.  Bajo el ciprés que en la siesta acuesta su sombra sobre el parque amurallado del asilo de los monacatos.  Al comienzo del otoño.  En su visita anual. Nebulado.  Adán , se lo narraba a su padre .  Media hora antes; la novia le había dejado.