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Mostrando entradas de 2016

El deseo de los deseos

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P untualmente, como cada periodo desde hace XVI siglos, el Príncipe Navidad ha llegado a la Tierra. Este año se ha mostrado a quienes viven su espíritu, diciendo: No sería novedoso presentarme ante ti, hoy 24 de Diciembre, deseándote feliz Navidad o diciéndote que todos tus deseos, para el 2.017, se hagan realidad. Quiero decirte que vivas ahora, hoy... Piensa que en el momento en que estás leyendo este modesto cuento de Navidad estás respirando incesantemente al igual que desde que llegó tu nacimiento. Posiblemente lo estés haciendo hasta el último día de tu vida sin ser consciente de ello y, cada instante que realizas tan acompasado ritmo que te da la vida se acaba instantáneamente sin contentarte, no te das ni cuenta de algo tan simple y hermoso a la misma vez.  Por ello Al igual que transcurre tu incesante respirar: haz tus anhelos realidad. Vive cada momento de forma consciente. No emplees la vida en afanar tus deseos porque éstos se cumplen a cada inst...

Espíritu azafrán

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E n el bolsillo izquierdo siempre llevaba un pañuelo blanco inmaculado, doblegado en cuatro perfectos dobleces haciendo un cuadrado, cual mandala, que conservaba su pulcro planchado. Su muñeca derecha, perenemente, estaba abrazada por veintidós pequeñas bolitas de madera de sándalo perforadas para su unión entre sí, tratando de marcar el rumbo del camino disciplinado de una milenaria filosofía. Poco o nada pasaba desapercibido a su alrededor aunque la apariencia proyectara falta de interés por la naturalidad de la vida que inexorablemente transcurría en su entorno y en la marcada distancia global del mundanal mundo que en este plano todo lo envuelve. Ayer, hoy y “mañana” mantuvo un compromiso firme con multitud de causas que junto a sus afectados defendió como propias. Gozaba  de cierto reconocimiento en su imagen física y atuendo que con frecuencia le manifestaban. La añoranza era el denominador común en las conversaciones y saludos de los recuentros tras las ausencias temporal...

Presión arterial

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S u estar había cambiado desde entonces, aunque de siempre hizo gala del despiste, ahora la abstracción era permanente. En la oscura soledad de la noche llorando se despertaba, siempre, a la misma hora y como una losa en su mente los fantasmas visitaban su morada. Puntual, como el reloj que marca las horas, en un potente grito desencajado estallaba cuando el incisivo filo del vil metal se deslizaba por el cuello y el recio torrente en huida caía desde la almohada encharcando de rojo el bordado esbozo de las sábanas de lino cubano que pasaban de cama en cama. A manera de alma en pena, desde el más absoluto despavorimiento y con la única compañía de la presión de sus acelerados pasos, avanzaba por la calle en aquella cerrada noche cuando una abrumadora sombra, proyectada sobre la fachada de la pensión en la que pernoctaba, delataba la inesperada visita de quien salía por la bocacalle con la clara intención de entablar persecución propiciando la desesperada carrera… Por ayer se cump...

El color atrapado

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E ra reservado, alto y despeluznado, de nariz aguileña y mirada penetrante. A través de sus arqueadas piernas los rayos del sol escapaban del horizonte. Resultaba extraño para algunos paisanos aunque sus camisas de cuadros delataban su oficio generacional al mismo tiempo que su innegable genética acreditaba que era autóctono del lugar. En la mañana del sábado asomó más enérgico que de costumbre. ¡Tanto tiempo esperando! Su gran sueño se encontraba tan cercano. Llegaba el momento sí, ya casi lo acariciaba, desde ahora consistiría en poder llegar hasta la ladera del monte que coronaba la Sierra de los Robles. Y a partir de ahí vivir la experiencia, sentir esa sensación que había oído de contadas de  aquellos que en la larga tradición ya la vivieron y disfrutaron con gran pasión por el resto de sus vidas. El sabía que no sería en vano. En los meses anteriores fue testigo de cómo todo se ralentizaba, vio que la constante inquietud se convirtió en una obsesión. Aun así en ...

Nombre de mujer

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E ra plenamente feliz aunque en el fondo de su alma una impermanente congoja le afloraba. Esto generaba cierta confusión cuando a veces la miraban a pesar de que ella, a cada mirada, constantemente su blanca sonrisa regalaba. Aunque era una chica muy sociable apenas acudía a salón de belleza alguno ya que personalmente se procuraba sus propios arreglos. Su oscuro cabello rizado en la más bella arqueada natural era la admiración de todos aquellos  con los que se cruzaba, al igual que la envidia de alguna que otra mujer que al sorprendido admirador le acompañaba. De chocolateada tez, la muchacha resultaba despampanante con sus elegantes vestidos claros y sus tacones de aguja, siempre, bien complementados. Si sus manos te tocaban la exquisitez de su tacto estremecía la paz del alma. La riqueza tímbrica de su voz resultaba un gozo para quien la escuchaba cuando hablaba. Su voz, ¡ay su voz!, que fascina, uno de los atributos de su valiosidad para el coro al que pertenecía, su gran pa...

Calabazas migrantes

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T ransformaron la calle; seis enormes calabazas, como nunca se habían visto, eran la antesala. La delantera de los edificios fue cubierta con unos gigantescos lienzos decorados que evocaban otro lugar. Las puertas y escaparates de los comercios fueron difuminados entre la tan agresora tramoya. Al fondo, un castillo iluminado cerraba aquel desolado hábitat foráneo que a través del velado relegaba a un segundo plano el entorno autóctono. Un hábitat foráneo desvergonzado que incluso se había empeñado en engullir hasta la memoria viva de la propia Confitería Barranco que, tras decenas de décadas con su cuarta generación incorporada, constituía parte inseparable de las vísperas y Día de Todos los Santos. Henry, recién llegado de Salem, andaba algo ofuscado, aquella total ausencia de zombis, murciélagos gigantes, brujas, arañas, monstruos y bichos vivientes... jamás sería entendida en el origen de la fiesta que, en ese año, el ayuntamiento malgastaría gran parte de su escaso presupuesto...

Brindis de ponzoña

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E l sol se ocultaba y la tibia tarde se disponía a marchar mientras el sacro ritual del retorno a los hogares se iniciaba. La gran avenida encendía sus faroles al tiempo que los destellos de los autos desde su inocente juego se cruzaban. En su margen derecha ascendente, terraza de vino y tapas, poco concurrida. ¡Claro! era miércoles. Aun así como una fotografía fija, en una mesa, con brillo dorado en la piel, al acecho, dos maquiavélicas mentes prolongadas hasta sus viperinas lenguas, dando rienda suelta a la oscuridad de sus almas, junto a una tercera que, por su corta edad y transgrediendo el límite de lo decente, le extirpan la inocencia que por legítima le pertenece desde su aflorada niñez ante la vida. La conversación no versaba sobre ángeles: dibujaban un cielo sin estrellas hasta hacer el infierno. Arañaban con sus virulentas palabras, llenas de maldad, por la partición hereditaria que les había excluido de su codiciado legado. Un testamento que, en el calor del difunto, habí...

Rémora

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S i te digo voy  es porque me estoy yendo Si me estoy yendo es porque me estoy muriendo Si me estoy muriendo  es porque me estoy escondiendo Si me estoy escondiendo  es porque me estoy entreteniendo Si me estoy entreteniendo  es porque me estoy mintiendo Si me estoy mintiendo  es porque me estoy huyendo Si me estoy huyendo  es porque no estoy muriendo Si no estoy muriendo es porque estoy viviendo. Voy...  Entreteniendo a la muerte escondidos vivimos: yendo siempre huyendo porque decimos que estamos viviendo cuando estamos mintiendo ya que en realidad estamos muriendo.

Culcas

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P egado a la tierra y tocando el cielo, corona el Cerrete de los Lirios. Vigilante impertérrito de Occidente.   Lucía, con una sensación mariposeante en su estómago, había partido en la mañana. Eran mil ciento cincuenta kilómetros de distancia los que le separaban. Un coche cómodo, de alta gama, sería su habitáculo durante esas largas horas donde esa sensación interior que albergaba haría pasar inadvertidos tantos paisajes como si éstos no estuvieran en el camino que adelantaba. Repasaba y repasaba, más un único pensamiento resonaba en su cabeza, no era el momento de recrearse recorriendo un país de colores y contrastes que lo hacían lugar de visita obligado para el turismo internacional de destino recomendado. Comenzando la madrugada, fatigada, se adentraba en ese pueblo grande que aspira ser ciudad. Justo a su entrada, divisó en la oscuridad, suspendida, la excelsa luminosidad de un gigante. En ese momento supo que estaba junto al hotel. Llegó al hall y avanzó hasta la rec...

Universo IV

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D esde la misma puerta abierta al después, en la lactancia de tan hermoso parto, justamente, a los dos meses menos un día, con su noche incluida; a tantos ojos observadores les surgiría la pregunta de si ahora todo se derrumbaría. Por un momento pensó que tal vez ese amor era inmaduro y que a partir de ese instante, con delicadeza, era vertido en una barrica, donde no sería ahogado, y, en esta, bien oxigenado, su crianza seguiría hasta llegar a ser madurado. La incertidumbre le cubrió y con relativo temor se preguntaba si con el paso de ese indefinido tiempo, de entre todas, encontraría la barrica que su amor guardaba.  

Incauta ilusión

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S onó el teléfono. Los tres lo escucharon. Aló, respondió Monique con su peculiar acento. A medida que la conversación avanzaba la satisfacción en su rostro le colmaba. Cogió un lapicero y anotó. Hasta los números, con su alegría, parecía como si quisieran escapar del bloc de notas. Tras finalizar la llamada, Jean Pierre no pudo evitar la curiosidad. Contagiado por la expresividad de Monique le preguntó sobre que había departido. Esta, eufórica, le respondió: es la ilusionante llamada que aguardábamos. Amélie se pondrá muy contenta cuando se lo contemos. Justamente hoy, hace dos años que alcanzó su licenciatura.      El viejo reloj del salón anunciaba las cinco de la tarde. Eric se disponía a servir el té. Este arrollado por el sonido del timbre de la puerta principal, acudió a la llamada. Al otro lado, un gendarme le comunicaba que Amélie había sufrido un grave accidente en el cu al se temía por su vida.

El puente de la ilusión

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U n anciano y experimentado barquero conversaba sobre la ilusión con su viajero, un joven leñador de las praderas. El anciano percibió la atenta atención del joven y le dijo: intuyo que esta historia te podrá gustar. Verás; en mi juventud, escuché de los mayores del lugar: Que en el más recóndito valle de las escarpadas montañas azafranadas, había un curioso lago cuyas aguas se dividían en dos por una línea invisible que a un sitio acurrucaba su manso cristalino y al otro lado mecía su turbio ondulado. Todos los tiempos, con el comienzo de los deshielos, en la primera luna llena, el agua menguaba y el manso cristalino y el turbio ondulado se unían para crear un puente que unía las más extremas orillas del lago. Un momento de tantos, en la claridad de la luna, a la mitad del puente,  dos extraños se han encontrado. Aparecen antiguos miedos que de ambos sentidos vienen caminando. De pronto, caen al vacío; un estremecedor sollozo alerta a los dos mismos que chocan unién...

El quebranta juegos

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E n un fugaz instante. La tarde se hizo noche. El parque cerró su alegre paleta de colores. La algarabía enmudeció. Las flores cerraron sus ojos. Las tenues luciérnagas, petrificadas, se plantaron verticales. Agazapado observaba. El verde asustado quedose solo. Tembloroso trataba de esconderse bajo su cuello. De pronto, pavorosos gritos rompen el silencio. ¡Marquitos, Marquitos!... Tras un tropezón el último chillido se ahogó. Caído contra el césped. Levantó su cabeza. Cegado por un envolvente aliento sus gafas no le permitieron ver lo que tenía frente a él. Al d í a siguiente, todos los lugare ñ os de m á s edad volvieron a hablar de él; el quebranta juegos .

La saga de la horca y el sueño americano

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D urante la Gran Hambruna Irlandesa el pa í s sufri ó una importante disminuci ó n de poblaci ó n, en la que la Iglesia fue determinante. Por la primavera de 1.846, arriban en Nueva York, en busca de prosperidad, Liam Ó Conaill y Fiona Mac C á rthaigh, ambos irlandeses. Cuyas miradas coinciden por primera vez en su llegada, en la pasarela de desembarco. El joven Liam, con un profundo ahondamiento desarraigado avanza con titubeantes pasos, de forma accidental, tras un traspi é , con el alargado fardo que portaba sobre su debilitado hombro derecho, hiere levemente a Fiona. Desde la aturdida ingenuidad, este incidente induce al ofrecimiento de los primeros auxilios y posteriores cuidados con sentimiento protector del turbado imberbe hacia la dolorida muchacha. Casi cien a ñ os despu é s. Dos choznos de é stos, con aquel recuerdo hiriente que por entonces guardaba el fardo, homenajean, posando delante de la fachada principal de la estancia, a sus trastatarabuelos. Fundad...

Me gusta

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M e gusta ver, s í , tu cuerpo desnudo, como los gestos de tu cara cambiar. Vivir en plenitud, sentir tu gozar, el comp á s del  silencio roto, mudo. Quiero el encanto de ese nudo modulando el blanco hasta llegar a los floridos prados del retozar, enfrente de lo m á s puro oriundo. El tiempo c ó mplice se nos detiene rendido ante el ancestro juego. Nos recreando, amando el ritual. Canto anunciando el alba viene. N é ctar extenuado manda un ruego. Suave, abrazo tu espalda sensual.

Niños de miedo

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E n la carrera más amplia de la ciudad. A dos escasas cuadras de la embajada japonesa. El cónsul italiano, que gustaba sentarse bajo aquel majestuoso árbol mientras repasaba los pendientes, acostumbraba a dar su paseo diario en coincidencia con la alborada de los niños del liceo infantil y primaria de los Jesuitas, el cual lindaba en su parte trasera con el cementerio de los brigadistas tupamaros. Botaron los años y aún perdura en el recuerdo, que durante la década de los 90, una serie de extraños hechos aterrorizó a la población. Las familias con menores escolarizados vivieron un atroz miedo panicoso que marcaría sus vidas para siempre. Cada año académico, en el segundo trimestre, junto al gran roble morado, desaparecían diez alumnos de aquel liceo, hoy, clausurado: siendo recuperados posteriormente sin vida y con heridas suturadas y un diminuto papel de celofán amarillento prestado encima del pecho. Los cuerpos, siempre, reposaban boca arriba sobre la macabra lápida blanca, e...

Universo III

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H ojas secas cayeron. Examinas surgieron. Y en reflexión concluyeron. ¿Se puede mitigar el ostracismo amando ese amor ? El corazón es tonto, ¡y nubla la razón! Sí. A veces pensaba que el amor que se manifestaban era un mero acto de llenado de tiempo, siempre y cuando, en los momentos que la vida carecía de ocupación rutinaria que les mantuviese atareados: buscaban refugio en ese amor .

Retazos en reflejos

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E l tiempo que consumimos a nuestro paso por esta vida mundana se convierte en pasado y éste pasa a ser el fiel reflejo, en la memoria, de nuestras prioridades acaecidas en aquel momento en el que nosotros decidimos convertirlas en la acción o reacción que emanó de nuestra voluntad pasada. Por ello, no te dejes llevar: prioriza siempre tu prioridad evitando de esa forma la derivación futura de frustración. 

Quiero

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Q uiero desaprender lo besado para llegar contigo hasta mi primer beso enamorado. Quiero desaprender lo andado en mis caricias recorrer tu cuerpo vibrando qué me sientas vivo cuando mis manos te están apretando. Quiero desaprender todo movimiento pasado para que sientas tu más profundo gozo haciéndote el amor, poro a poro, cóncavo-convexo articulado. Quiero desaprender cómo me he comunicado descubrir tus ocultos lenguajes para mantenerme a tu lado. Quiero desaprender todo lo viajado recorrer el universo de tu cuerpo, estación tras estación, detenerme en tu preferido nudo deseado. Quiero, ante todo,   acariciar tu alma blanca para simplemente tocarla.

El yak y el monje

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C uentan las escrituras védicas que en el gélido valle de la montaña Nanga Parbat habitaba un majestuoso y misterioso yak, blanco como las nieves de los Himalaya, que era la admiración de los lugareños. Aunque todos eran los llamados, muy pocos serían los elegidos que podían presenciar al yak en su máximo esplendor. Tan inusitados acaecimientos fueron contados de padres a hijos hasta convertirse en  leyenda: que hoy, perdura cincelada en la atávica roca del venerado altar de aquel hombre fausto ataviado con su túnica color azafrán. En el pasaje de la omnisciencia se relata la enseñanza suprema entre el yak y un díscolo monje que buscaba la iluminación. Un día, el monje daba su paseo al tiempo que practicaba su meditación contemplativa cuando, de pronto, se paró sobre una pequeña roca que rompía, como una mancha, el intenso blanco del paisaje. Percibió la presencia del yak. Su estado de expectación, se apoderó de su mente y le hizo divagar sobre sus conjeturas de cómo era el...

Sonata de soledad

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“ M i novia dice que en EEUU han inventado una pastilla que hace que no te sientas solo”. En el banco con estructura metálica y asiento de madera.  Bajo el ciprés que en la siesta acuesta su sombra sobre el parque amurallado del asilo de los monacatos.  Al comienzo del otoño.  En su visita anual. Nebulado.  Adán , se lo narraba a su padre .  Media hora antes; la novia le había dejado.

El templo dorado

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U n joven aldeano andaba buscando la sempiterna felicidad. El joven, a diario, acudía al oratorio donde cumplía rigurosa visita a todos los dioses entregando sus ofrendas y confiando que las deidades le corresponderían proporcionándole la felicidad a cambio de sus lisonjas. Los años pasaban y el joven sentía que en su propósito poco avanzaba, se había convertido en un creyente más de la cultura de castas, obediente al orden social establecido, donde todos guardaban las apariencias que llenaban sus mundanas almas, cada vez, más huecas. Un día, en una callejuela de la aldea, el joven se cruzó con un eremita que vivía en la apartada y pedregosa cueva de la colina. Al joven le llamó la atención la gran sonrisa, a modo de regalo, que acompañó el saludo que el eremita le dedicó. Aquella sonrisa acarició su alma y el joven no pudo resistir el dirigirse al ermitaño diciéndole: venerable anciano ¿por qué desde su notoria carencia de pertenencias me ha obsequiado tan hermosa sonrisa...

Tiempo a

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T iempo a desamor no lo fue qué ya que amando te encontré y en el pasar de los días más te amé, viviendo distancia del viento te arranqué. Tiempo desdoblado, para ti y para mi, de enamorado: buscando cual abejas néctar amado para juntos, uno del otro, estar al lado. Tiempo que pasa amores sin casa, anhelos y más anhelos que el día repasa, profunda la noche donde todo descansa. Tiempo cual magia tú eres sabia, aparta la escarnia. No más arrogancia.